Editorial de la revista Punto a Punto
Ante una serie de irregularidades y otras
arbitrarias, que como ciudadanos, que nos estamos acostumbrando a verlas como normal, en nuestro País, caso
Pluna, Botnia, Montes del Plata, Puerto de Aguas Profundas, la regasificadora,
la venta de tierras a empresas extranjeras, el uso indiscriminado
de agrotóxicos, lo que pasa con el Instituto de Colonización, que desaloja a
colonos de sus tierras, entre otras cosas
Preciso dos aspectos,
antes de comenzar mi comentario:
El destacado docente
y profesor Panario, afirma en conferencia de prensa, hablando de la
contaminación del medio ambientes y concretamente de la contaminación del agua
que la microcistina, producto de las algas, son cancerígenes, de las cuales
poco se habla, y que las plantas potabilizadores de OSE no tienen filtros de
carbón activado. No se trata de hervor el agua para solucionar el problema,
porque de nada sirve. La responsabilidad recae sobre la propia OSE, el
ministerio de vivienda, el ministerio de sdalud y del propio gobierno que no
alertan a la sociedad.
Lo malo de todo
esto, nos dice Carl Segan, en el Mundo de los Demonios que “una de las
lecciones más tristes de la historia es ésta: cuando se está sometido a un
engaño demasiado tiempo, se tiende a rechazar cualquier prueba, de que es un
engaño”. Y lamentablemente todo esto se nos ha vendido como desarrollo
productivo, como progreso.
Hechas estas aclaraciones, voy al tema que me
ocupa. ARATIRÍ.
De Aratirí mucho se
ha hablado y se sigue hablando, a favor y en contra y dará mucho que hablar
todavía, porque siempre hay nuevos
aportes.
Hoy le acercamos algunas opiniones de calificados científicos*
sobre el proyecto minería a cielo abierto,
ante embate rabioso de nuestro Gobierno para implantarla, y no faltan
geólogos que la apoyan, (como Federico Cernuzchi, profesor de la Facultad de Ciencias**),
que nos lleva a preguntarnos si busca congraciarse con el gobierno de Mujica o
un puesto en Aratirí, si ya no lo tiene, cuando se sabe que en muchas partes
del mundo se está debatiendo el
problema.
Dudas y más dudas
Muchas son las dudas
y sospechas de la minería a cielo abierto. Hay una primera duda que no se
aclara y es el porqué del apuro del gobierno en firmar el contrato sin tener el
estudio de los resultados del impacto
ambiental, cuando todos sabemos que existe.
Además cuando se
plantea la imposición de firmar sí o sí de forma prepotente y desprolija, en un
asunto tan delicado y de semejante impacto ambiental con consecuencias sociales
imprevistas, habrá que prestar mucha atención.
Porque se oculta el
contrato, el propio gobierno lo reconoce. Que se miente se miente. El FMI dice
que en el país podrían ingresar más 27
mil millones de dólares en 27 años., es decir un poco más de un millón de
dólares por año La pregunta es ¿van a trabajar con bueyes y carretas? Esto
resulta sospechoso, porque la industria afirmó que en 10 años podría extraerse
todo el hierro existente.
Pasados 48 hs., el ministro de industria bajó a menos de la
mitad. ¿A quién le creemos, al FMI, al ministro o al Presidente Mujica que
alardea diciendo que “no se puede perder esos recursos”? Cuando se sabe que se
llevarán todo el hierro sin dejar un manguito para el país, porque lo que la
empresa devolverá es lo que el propio estado invirtió.
Pero sigamos
avanzando en lo que nos interesa. Además de los fundamentos de su
inconstitucionalidad, presentados por el Fiscal Viana, que atañen al art. 47 de
nuestra Constitución, hay muchos argumentos de peso que invalidan su instalación.
Cuando se trata de
vender la idea que la minería a gran escala no causará mayores impactos
ambientales y sociales, tanto la gente de Aratirí como nuestro gobierno
recurren a los mitos de la “minería responsable”, cuando una mayoría de la
gente desconoce el problema, estimado en un más de un 80%.
Aclarando el panorama y dejando en claro
algunos argumentos falsos
Primer argumento
falso: Se trata de un discurso bien pergeñado por las transnacionales mineras
que afirman y que nuestro gobierno repite: todos los problemas que las mineras
generan son estrictamente técnicos y se resuelven con tecnología de punta en
cuanto a sus impactos sociales y ambientales, a diferencia de las pequeñas
minerías.
Según do argumento
falso: se invierte mucho dinero en publicidad para promover esta visión de
“minería responsable”, bajo los imperativos de “progreso y desarrollo”, siempre
tratando de convencer a la gente que no habrá daño ni social ni ambiental.
Tercer argumento
falso, siempre relacionado con los daños sociales y ambientales: se crea el mito de la minería “responsable” que
se basa sobre la premisa que la técnica moderna y la ciencia actual son capaces
de diagnosticar, prever y controlar todos los impactos que la minería a gran
escala puede provocar y que la prensa se hace eco sin investigación alguna. A
esta creencia ingenua, que la ciencia todo lo puede, basta oponer la historia
reciente de la megaminería en el mundo cuáles son sus enormes y nocivas
huellas.
Hay mucha documentación
a nivel internacional que circula, sobre los múltiples impactos sociales,
ambientales, económicos y políticos, que
provocan las grandes empresas mineras que no siempre está al alcance de nuestra
gente y es en base a ese desconocimiento que nuestro gobierno y la minera
tratan de vendernos gato por liebre:
contaminaciones crónicas y accidentales de las aguas, del suelo y del
aire; destrucción irreversible del paisaje; afectaciones graves a la salud
humana; pérdida de la soberanía alimentaria; evasión fiscal o condonación de la
misma y violación a las leyes nacionales; debilitamiento de la democracia;
ataque a la soberanía nacional, entre otros. Detrás sólo hay un interés económico.
La minería a cielo
abierto como se quiere implantar en el Uruguay, supone una excavación de un
tajo de cientos de metros de profundidad y varios kilómetros de diámetro, y no
lo que dice Aratirí.
Esta intervención
destruye de forma permanente y para siempre la capa vegetal y no sólo del área
de la mina en sí, sino también de miles de hectáreas alrededor, y no como
afirma nuestro gobierno que puede repararse tapando los tajos.
El simple hecho de
traer rocas sulfurosas, que contienen metales pesados desde el subsuelo hasta
la superficie, que contienen metales pesados desencadena procesos de
contaminación ambiental que perduran muchos años.
Una minería social y
ambientalmente “responsable, de existir, ésta debería partir por respetar
ciertos principios fundamentales como el derecho de las comunidades locales,
quienes deberían ser quienes decidieran sobre su instrumentación de cualquier
actividad que represente un riesgo para ella.
Preguntémonos ¿qué sentido tiene destruir el patrimonio
cultural milenario, impactar a las actividades económicas de los productores,
auténticamente sustentables; contaminar de manera irreversible el agua, el aire
y la tierra, así como transformar el clima que le da vida a cientos de
campesinos?
Y por último, una
minería “responsable” no es viable en un país donde no existen instituciones
públicas e independientes capaces de evaluar y monitorear la actividad minera y
menos aún en un país que no se cumple con el artículo 47 de la Constitución y
“un proyecto como Aratirí, dice Eduardo Gudynas, no sólo tendrá efectos locales,
no sólo es problema de productores rurales contaminados, sino que impone
condiciones y cambios substanciales dentro de todo el país. Aquello que piensan
que por vivir, muy lejos de Valentines están a salvo se equivocan”***.
Todo nos demuestra
que tenemos una política empobrecida, carente de visión, comprensión e
información de la problemática como tal.
El capital global en contubernio con nuestro gobierno liberal y
progresista está ganando la partida; pero la única forma de ganar es resistir
localmente y general alianzas para que cada vez más gente sea consciente de la
realidad minera y de sus terribles consecuencias. Este vejestorio político se
va y no piensa en las generaciones venideras.
Lamentamos que nuestra prensa, llamada grande, no se preocupe del
problema y sólo piensa en sus intereses y en los intereses del gobierno de turno.
El 8 de marzo próximo habrá una nueva marcha en defensa de la tierra,
del agua, del medio ambiente, en contra de Aratirí y de la gasificadota. No
debemos faltar, porque nuestra presencia demostrará una vez más nuestra
voluntad al gobierno.
*Carlos Zorrilla,
cofundador de la DECOIN, de la Asociación de Caficultores y de la Red Nacional
de Bosques; William Sacher, PhD en ciencias atmosféricas y oceánicas. Candidato
a doctor en economía en la FLACSO-Ecuador. Alberto Acosta, profesor e
investigador de la FLACSO-Ecuador. Ex Ministro de Energía y Minas
**Federico Cernuzchi,
defensor de la minería a cielo abierto, apoyándose en experiencias chilenas y
peruanas, afirmando que la minería a cielo abierto es compatible con el ambiente. Entrevista publicada en Redacción
180 el 18 de febrero 2014.
***Eduardo Gudymas, economista
e investigador del Centro Latinoamericano de Ecología Social (CLAES), trabajo
publicado en VOCES, 15/2/2014.